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miércoles, 29 de junio de 2011

Córdoba 2016: La capitalidad que no fue.

Una cosa menos en la que pensar. O no. La Capitalidad Cultural. Un proyecto puesto en marcha hace una década y del que hay que aprovechar el camino andado. ¡Qué no está la cosa como para tirar nada!

La Cultura envuelve los lugares. Los hay en los que al llegar notas algo especial. Cultura son muchos ámbitos.

Ciudades, pueblos, aldeas, barrios, sus gentes, día a día generan hilos que se trenzan, o se retuercen, para formar parte de ese bagaje cultural. Que, quizá en su mayor parte no sea rentabilizable económicamente, ni tiene porqué serlo. Pero que cual tesela se une a esa esfera de Cultura, que es esfera sólo si se mira de lejos.

 La Cultura, además, puede ser un dinamizador económico más. Y en Córdoba debe serlo en mayor medida de lo que a día de hoy es.

De Córdoba, su Cultura, se podría hablar y escribir mucho, muchísmo. Y de hecho hay quién lo hace bien y mal. No soy yo nadie para medir en esos terrenos. Y es rentabilizable.

Al dinero invertido, habrá que buscarle fórmulas de retorno en beneficio de la ciudad. Es necesario.

Las infraestructuras que están en ejecución, se tendrán que finalizar y las que no, habrá de pensarse, muy bien, si de verdad esta ciudad las necesita. Las infraestructuras, no esenciales, están bien, cuando el uso de las mismas pueda generar, al menos, el coste de su mantenimiento.

Seamos serios: no demos alas a proyectos que se puedan convertir en un lastre para las arcas de la ciudad, y que resten recursos a áreas que sí son, o deberían ser prioritarias y que no están debidamente atendidas.

Una parte de la ciudadanía (palabra fea a mi corto entender) ha mostrado en los últimos tiempos un respaldo inquebrantable a un proyecto de la ciudad. Digna de ver, por ejemplo, la comitiva , río azul por las calles de Córdoba, que acompañó al jurado durante su reciente visita a la ciudad.

Lo curioso: nadie, hasta donde llego, se ha posicionado en contra de la Capitalidad. Eso hubiese sido lo normal y lo esperado: críticas en las paradas del bus, el mercado, el bar, en las Cartas al Director... Que sí el azul es feo, que si el avión junto al Recinto Ferial, que si el color de las juntas de dilatación del futuro Centro de Arte Contemporáneo, que si las piedras ¿restauradas? de la Puerta del Puente... ¡Pegoletes! (mira por dónde, palabro cordobés).

Y ¿qué decir de las Redes Sociales? Cordobeses y no, cordobesas y no, instituciones y empresas, locales y no,  y algún que otro robot de gentilicio desconocido por mi, hemos dado visibilidad a nuestra ciudad en esa nueva faceta de la Cultura, que es Internet. Sin preocuparnos si en las municipales fuimos o no a votar, en blanco o nulo, a unos o a otros, indignados o no. Sin parar a preguntarnos si hacemos el salmorejo con telera o no. 

Esa es la Córdoba que quiero. La que participa. La que aporta soluciones y no sólo critica. La que se preocupa cuando se cierran empresas viables en Córdoba. La que no esconde que hay barrios, marginados, en los que viven personas, que necesitan integrarse en el conjunto de la ciudad mediante acciones que sí deben promover los poderes públicos. La que denuncia que hay niños sin escolarizar. La que ve los asentamientos de inmigrantes en la ciudad no porque molestan. Ah! Perdón, qué sólo hablábamos de Cultura.