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miércoles, 1 de junio de 2011

Osadía (y III)

-Podría quedarme a dormir y me ahorro todo el trajín de tener que volver mañana.-¡Ea! Así de fácil. Con lo que me cuesta a mi dar un no por respuesta.

Se ha agarrado a mi brazo. Está esperando que tome alguna dirección. ¡No estoy bien de la cabeza! Comienzo a andar en dirección a casa. -Es muy cerca. -El barrio está animado. Las terrazas están llenas, a pesar de la crisis y de ser martes. Se nota que ha llegado el buen tiempo.

Andamos despacio. Me gusta sentirla a mi lado. No parece la misma persona arrolladora de hace un momento. Está calmada. Ahora es como un vaivén, lento, de olas. De esas que acarician la playa en noches de verano.
-Llegamos. -Me mira y sus ojos me estremecen. Incluso más que hace un rato. Cuando los ví, de verdad, por primera vez.


La subida en el ascensor ha sido un largo beso. -¡Adelante! Estás en tu casa. -Y efectivamente, cómo si lo fuese. Mira alrededor. Me mira. -¿Sabes? No tienes muy mal gusto. - Le tiro  un cojín del sofá. Nos reímos. Me acerco, con una sensación extraña en el estómago, mezcla de nerviosismo y deseo. Acaricio su melena rizada, pelirroja. Sus mejillas.

No sé cómo hemos llegado a la cama. Hay un remolino de cuerpos y ropa. Trato de agarrarla por los hombros, separala de mi. Quiero verla, desnuda.  En vano. -¿Qué hace la luz apagada?-

Sus manos acarician lugares que mi cuerpo tenía olvidados. Y yo me deleito en el suyo, desconocido. Manos, bocas. Caricias, mordiscos. Su boca baja por mi vientre. Su cabeza se detiene. Y sus labios y su lengua comienzan a hablar otro lenguaje. Me habla y mi cuerpo la entiende. Le sujeto la cabeza. Sé lo que me va a pasar. De repente una ola de calor me invade. Me sacude. Por un instante la mente se me nubla. Una especie de mareo fugaz. A oscuras busco su boca. Y la encuentro. Y la beso.

Con sus mismas artes recorro yo, ahora, su cuerpo, despacio. Buscando, andante, un lugar. -¡Lo encontré!- Y es ella la que me dirige a capriccio. Sus manos me muestran el tempo. Y lo encuentro. Y lo sigo. Y noto su cuerpo agitarse. Arquearse. Y ahora, ya, abandonarse.

Me levanto antes de que suene el despertador. Miro a Susana, dormida. He de irme rápido. Hoy va a ser un día de locura. -¡Todo en orden!- Le dejo a Susana una nota y una copia de las llaves. No espero el ascensor. Bajo las escaleras mirando el móvil. Tecleo rápido. El twit aparece enviado en la pantalla.

-@oldKars: Buenos días Patio. Día magnífico. #desataos ¿un café?

No espero contestación. Paso, como cada mañana, por delante de la frutería. Andrés organiza las cajas. -Buenos días, caballero.-Le digo.
-Buenos días. Carmen. ¡Explendida de te veo hoy!
-Sí, la verdad es que si. Hasta yo misma lo noto. Hoy va a ser un día especial- Y sigo corriendo en dirección a la boca del metro.