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martes, 31 de mayo de 2011

Osadía (II)

-Nooo.- Esa forma de alargar la "o" va a acabar en una carcajada. ¡Cómo si lo viese! ¡Ya está¡- Perdona que me ría pero... no me podía imaginar... de verdad perdona...
-Te entiendo. No te disculpes.- Yo, y mi manía de calarme el Panamá en cuanto el sol empieza a castigar; y no quitarmelo en todo el día.
-De verdad... -Y no para de reírse. Y que no pare. Es una risa sincera. Se está despachando a gusto. -¡Madre mía! Se le está empezando a correr la máscara de pestañas. 
-Susana, estoy tomando algo... justo aquí al lado y, creo que necesitas entrar al baño -señalo con mi dedo, sus ojos.
-Sí, creo que va a ser lo mejor. -se acaba de pasar su dedo índice por el borde del ojo, sin parar de reír, y ha reparado en el desaguisado. Uñas impecables. En rojo cobre. El mismo color que centellea en sus labios.


Entramos en la cafetería.Le señalo las puertas de los servicios. Con pasos seguros, como si no fuese la primera vez que está aquí, se dirige hacia ellas dejando el trolley a mi lado. Se lleva con ella una muy buena imitación de un bolso de Carolina Herrera. Lástima que el color del pespunte de uno de los costados no sea del color del estampado. Podría haber pasado por un original, totalmente.

-De verdad, perdona -Me dice mientras acerca sus labios a mi mejilla y me da un beso. Intento devolverle el beso pero ya se ha sentado. Coge el catavino y, toma un sorbo. Cuando el sabor dulce inunda su boca sus ojos vuelven a agrandarse -¡Me encanta!¿Qué es?¡Camarero, por favor, una de esto!- Un torbellino esta chica. Por cierto que sus labios no han dejado huella en el vidrio. ¿Qué marca usará?

-¿Qué tal se come aquí? Estoy hambrienta. Hacerme venir hasta aquí...
- Y lo que debe pesar esa maleta...
- No. ¡Qué va! Son ficticios de poliuretano. ¡No pesan apenas! -Dicho y hecho. Saca uno y directamente me lo tira. Me encojo alargando los brazos para amortiguar el golpe. Y algo ligero, como ese plástico blanco, el de bolitas que llevan muchos embalajes, cae en la mesa.
- ¡Estás loca!
-¡Si, un poco!-Me lo dice guiñando un ojo y sacando la lengua hacia un lado. Una especie de ;-P. Me tengo que reír al ver la mueca.
-Y mañana, a volver antes de llegar al estudio. Lo del escaparate tiene que estar resuelto a mediodía. A primera hora de la tarde, como mucho. Aún no me has dicho cómo se come aquí. -Lo dicho, un torbellino. ¡Qué energía tiene esta mujer! Y parece que me conociese de toda la vida...

Llamo a Luis y le digo que nos prepare algo de cenar. -¿Platos para compartir?- Susana está de acuerdo.

Mientras cenamos hablamos de casi todo. Quiero decir que ella está hablando de casi todo. Que hace poco que está en la ciudad. Que vive sola en un miniestudio en la zona oeste, pero muy cerca del trabajo. Y de.. -¿Por qué no le dejas a Luis la maleta? -la interrumpo- Abre muy temprano y no tendrás que cargar con ella. No pondrá reparos. ¡Luis! ¿Puede Susana dejarte está maleta? Tiene que volver mañana aquí al lado y... -¡No hay ni que preguntarlo! -Gracias. Apunta esto en mi cuenta por favor- Un guiño por respuesta.

Ha bajado la temperatura. Se está bien en la calle. Acompaño a Susana a la boca del metro. Tratamos de imaginar vidas de perfiles comunes en nuestro TL -Tu vives por aquí ¿no?- Si, intento contestarle y, antes de acabar, pone sus labios, cobre pero cálidos, en los míos. -¿Vamos a tu casa?



1 comentario :

José Javier Navas dijo...
Este comentario ha sido eliminado por el autor.