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lunes, 30 de mayo de 2011

Osadía (I)

Vuelvo temprano del taller. La colección está preparada en la sala dónde se va a pasar. Sólo faltan unas puntadas que hay que dar mañana, cuando las maniquies esten vestidas, cinco minutos antes de salir. Las prisas de siempre.

No me apetece entrar en casa. Cruzo de acera y entro en la cafetería de Luís. Es como mi segunda casa.

- ¡Buenas noches! ¿Cómo tú, por aquí, a estas horas? -Luís es conocedor de mis horarios.
- ¡Algún día tocaba acabar temprano! -Digo mientras me siento en una de las mesas que miran hacia la calle.


Me trae una copa de Pedro-Ximénez, fresco. Gotas condensan y caen por el vidrio hasta mis dedos. -¡Joder!¿Cuándo me he partido esta uña?- Cogí el móvil y repasé mi TL. ¡Parece mentira! Como, poco a poco, vas intuyendo cómo pueden ser algunas de estas personas. O cómo quieren que creas que son. 


- @8ired: ¡En la otra punta de la ciudad y el cliente se ha ido! ¡argg! (@8ired es Susana. Trabaja en un estudio de decoración. Si el avatar es una foto suya, es una chica monísima. Con unos ojos verdes que chisporrotean luz.) Me apresuré a contestar.
-@oldKars: @8ired ¿qué te ha pasado? Desconsiderados son algunas personas! :-( .
-@8ired: @oldKars traía unas muestras de maderas, un bolsón, para un escaparate y se han tenido q ir.
-@oldKars: @8ired ¡qué informales!
-@8ired: @oldKars Han avisado a la ofi, pero me han pasado el recado tarde. Estoy en San Luís, en la otra punta de la ciudad.
-@oldKars: @8ired ¿Dónde?- El estómago se me iba a salir por la boca. Estamos en el mismo barrio y San Luís no es tan grande.
-@8ired: @oldKars Voy a bajar al metro de Las Puertas. Una hora hasta casa! y ¡mañana volver!

Sin aliento. En la entrada del metro. A escasos cien metros de la cafetería. ¿Qué habrá pensado el personal al verme correr así? Una chica viene justo hacía mi, arrastrando un trolley del que sobresalen unos listones con aspecto de madera. En la otra mano, un teléfono en el que teclea sin parar con su pulgar -¿Susana?-
Al levantar la cabeza veo los destellos de sus ojos. Es ella.
- Y, ¿tu eres?
- Soy oldKars. 
Sus ojos se han abierto más, si cabe. Está clavada, como si las ruedas de la maleta se hubiesen fundido en el granito de las losas de la acera.