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miércoles, 3 de agosto de 2011

La primera vez

Creo que coincidirán conmigo en que inevitablemente, para cada sujeto y un acto determinado, ha de existir una primera vez.
Esa primera vez que o bien recordamos al dedillo o, a fuer de recordarla como queremos recordarla, la revivimos como deseamos cada vez que la evocamos mentalmente.
No sé si lo recuerdo, o quiero recordarlo, así. No recuerdo mi edad en ese momento, eso creo que es cierto. 
Aquella habitación podría haber sido cualquier habitación, salvo por ciertos detalles. Recuerdo esos dibujos, simulando flores anaranjadas en las paredes.
Pocos prolegómenos. Esto se hace así y punto. Cuánto antes acabemos mejor.
Mis torpes manos agarraban aquellas redondeces escurridizas intentando llegar a todos los huecos a los que pudiesen llegar. Sin ser ambidiestro, mis dos manos repetían los movimientos, casi sin importar lo que hubiese entre ellas.
Esa mezcla de humedad, grasa, olor... y las torpes de mis manos ejecutando una especie de ritual. Como si no fuese la primera vez que ejecutaban esa especie de danza. Como si esas redondeces se fuesen a escapar de entre mis manos y todo fuese a acabar como no debía.
Más fuerte aquí, ahora más suave. ¡La mano entera no!¡Serás bestia!¡sólo un par de dedos!¡Así!¡Girando despacio!
Y así una vez, y otra... Hasta llegar a poder ejecutar ese, en cierta forma ritual, sin recibir indicaciones. Experimentando nuevas formas y nuevos movimientos. Parece que no se me daba mal. Esa era mi impresión. Y la de mi abuela. Qué ya ni siquiera entraba a la cocina, con azulejos que simulaban flores anaranjadas en la pared, a la hora de fregar los platos. Mis manos manejaban las redondeces de platos, fuentes, ollas... con verdadera destreza. Me seguía costando un cierto esfuerzo lavar los vasos. Aún introduciendo sólo un par de dedos junto al estropajo el vaso se llenaba y me costaba girarlo como era menester.
¡Ay! esas primeras veces.

2 comentarios :

Conchi Carnago dijo...

Me ha parecido muy ingenioso y me ha echo reír, cosa que te agradezco, pues ya nos fastidian bastante con las malas noticias diarias.

felicidades.

José Javier Navas dijo...

Conchi, muchas gracias por pasar por aquí y, sobre todo por dejar tu comentario. Si te he arrancado una sonrisa, ha merecido la pena escribirlo.
Un beso.